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Por último y muy importante agradezco a todos los usuarios que han mantenido a este foro vivo, muchas gracias.

Hasta que las manos sangren [Priv. Darsey y Abel.]

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Hasta que las manos sangren [Priv. Darsey y Abel.]

Mensaje por Abel V. Shvets el Jue Jun 25, 2015 2:01 am

El sol estaba en su punto más alto, era el auge del reino que las llamas podían ofrecernos en aquellos días de verano, que parecían realmente hacer su trabajo. Ardía, aseguraban muchos, claro que era una mera exageración, decía Abel, que no había visto llamas por ningún lado. En efecto hacía bastante calor, no obstante no era razón para jurar que del suelo salían llamas, simplemente se trataba de la naturaleza haciendo de las suyas cuando era debido. Si Abel le tenía respeto a algo, eso era la naturaleza, pues tenía un poder inmenso y un don completo para no cometer errores, jamás. A la naturaleza nunca se le hacía tarde, ni temprano, jamás cometía errores de ningún tiempo y cuando quería, era más peligrosa que ningún otro ser, pues ella era la madre de todos ellos. De cualquier modo, ahora se encargaba de esparcir el calor, como era debido tratándose de la época más calurosa de todo el año: el verano.
Por su parte era partidario del calor, de las altas temperaturas y de el bochorno que estas causaban, que incluso le entregaban las ganas de estar fuera de su habitación. Era una persona inquieta, sin duda, tenía deseos de cambiar de lugar constantemente, jamás podría ser un ser sedentario, necesitaba movimiento, vivacidad, adrenalina en su vida para sentir que no la estaba desperdiciando. Se sentía como todo un adolescente estúpido y hormonal, sentía que lo único que dictaba a su cuerpo eran sus deseos y no su mente. ¿Porqué? Alguna vez el fue tan estratégico, magnifico y calculador. "Pasaron cosas" decía el cada vez que le preguntaban que le había pasado, por qué había cambiado tanto. En fin.

Aquella tarde asoleada prometía mantener al chico en sus pensamientos actuales. Poca gente se acercaba a el, y como no, ¿quién querría estar con un abusivo que mete a los más débiles en casilleros y les roba lo que tengan en los bolsillos? No lo negaba, seguramente era el "bravucón de la escuela". ¡Bien por el! Por supuesto que no tenía ni el más mínimo remordimiento en ningún momento, de hecho, aquello le hacía despejar su mente, así que no le molestaba perjudicar a los más débiles. En cuanto a los más fuertes, tampoco les tenía mucho respeto, no le importaba ganarse una golpiza ya que siempre lanzaba golpes igualmente.
Sus pasos eran certeros, atrapando sus pies dentro de unos zapatos de marca deportiva. Sus manos iban en los bolsillos de su chamarra negra de cuero. Si, llevaba chamarra con aquel calor infernal y no parecía molestarle ni un poco, y es que sinceramente era una amante del calor, no quería desperdiciarlo. Alzó su barbilla para observar que las canchas estaban vacías, ahí es hasta donde había llegado. Se acercó al cesto de balones tomando uno duro y un poco pequeño, probablemente la mitad de pequeño que uno de fútbol, entonces observó las porterías.
—¿Por qué no hay nadie más cuando se necesita?—Chasqueó la lengua lanzando la pelota a la portería, atinando sin ningún problema.

Suspiró aburrido, caminando lentamente para ir a recogerla.






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Re: Hasta que las manos sangren [Priv. Darsey y Abel.]

Mensaje por Darsey O. Godin el Vie Jun 26, 2015 2:03 pm

Empecé el día como solía hacerlo desde que ingresé en la escuela, levantándome algo antes de la salida del sol para hacer footing, aprovechando la frescura del aire y la soledad del campus. Me gustaba empezar el día a aquella hora, viendo cómo todo despertaba perezosamente y se preparaba para una jornada más. Después una rápida ducha para terminar de despertarme, un almuerzo potente, y tratar de entender todo lo que explicaban en las clases de repaso, aunque la mayor parte de las cosas precisaran conocimientos básicos que no tenía. Una de las pocas asignaturas en las que me iba bien era biología, pero porque le ponía mucho empeño en memorizar toda aquella información que, a veces, me parecía que estaba en algún idioma retorcido y extraño. Me gustaba aprender, pero se me daba terriblemente mal. Lo olvidaba todo con suma facilidad y con malas rachas muy irregulares. Podía estar dos meses normal, recordando las cosas sin percances, y de golpe y porrazo olvidar hasta el día de mi cumpleaños. Por eso llevaba siempre (o eso intentaba) una pequeña libreta encima, para apuntar las cosas básicas que debía preguntar o evocar. No era muy práctico, pero era lo mejor que se me había ocurrido.

Cansado de pasar horas quieto y sin hacer nada en el mismo sitio salí con ganas del edificio y me dirigí a las canchas, donde tenía previsto practicar algo de handbol. En general se me daban bien casi todos los deportes, pero ése en concreto no lo había probado demasiadas veces, así que me propuse entrenar lo suficiente como para no dejar al equipo con una pata corta. Entendía lo profunda que podía llegar a ser la conexión entre los jugadores y el deporte, y por nada en el mundo querría estropear esa "relación". Yo mismo la tenía con el voleibol, y me molestaría mucho si alguien no diera lo mejor de sí mismo por pereza o poco compromiso.

Ya cambiado no vi que había alguien más jugando hasta que di varios pasos por la cancha al oír el golpe de la pelota contra el suelo. Miré al chico y sonreí mentalmente al reconocerlo. Abel era un chico algo raro, pero me caía bien.-¡Abel!-saludé con un vago movimiento de la mano.-¿Te parece si entrenamos un poco?-propuse encantado por la idea de no hacerlo solo.
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Re: Hasta que las manos sangren [Priv. Darsey y Abel.]

Mensaje por Abel V. Shvets el Lun Jun 29, 2015 12:20 am

Recogió el balón de manera desganada, como siempre. Lo tomó con fuerza entre sus dos manos, sintiéndolo para adaptarse bien a el, cosa extraña, pero que siempre hacía antes de jugar para poder familiarizarse con lo que sea que tuviese en las manos. Ese tipo de cosas le hacían sentir un poco más seguro, pues le demostraban a que se estaba enfrentando, en este caso, a un simple, insignificante y casi pequeño balón de handball. No era la gran cosa, sin duda. Se paró derecho nuevamente, dandole un par de vueltas a objeto redondo dentro de sus manos. Solo tenía un insípido color anaranjado por todos lados. Abel bufó.

Solo algo pudo sacarlo de sus pensamientos, que realmente en aquella ocasión no eran tan profundos, solo volaban por la superficie, recordando apenas el poco tiempo que había pasado en la universidad y las cosas que había hecho en ella. No eran muchas.
Se trataba del tipo raro que había visto un par de veces al otro lado del salón en quien sabe que clase. Abel solía sentarse hasta el fondo, cercano a la ventana para perderse en sus pensamientos más sencillamente, Darsey, si es que ese era su nombre, solía sentarse más adelante. Parecía que intentaba aprender, que realmente querías hacerlo, pero que le era difícil. Abel por el contrario tenía una facilidad impresionante, pus incluso inmerso en sus pensamientos siempre sabía de lo que los profesores estaban hablando. Había estudiado en casa mucho tiempo, ahí había aprendido muchas cosas que ahora enseñaban acá. Solo debía recordarlas.

Cómo siempre el tipo tenía buen humor. Para el, según Abel, todo era un buen día, una oportunidad más para hacer una buena racha y por supuesto no desperdiciar. Aquel tipo de pensamientos le eran fastidiosos al pelirrojo, el alguna vez había sido así y había sido derrocado de la peor de las maneras. No le gustaba hablar de eso, mucho menos pensarlo y aquel tipo se lo recordaba. No obstante le tenía paciencia, no realmente respeto, ya que Abel era un insolente que no respetaba nada, pero si paciencia. Si esa era su actitud, bien por el, tal vez a el si le fuese a funcionar. Tal vez.
Se acercó cuando el muchacho mencionó su nombre, sonriendo ladino ante la invitación del mismo. Era rotundamente incapaz de rechazar algo que pudiese llegar a distraerle. Asintió sin más, sin siquiera pensarlo.
—Has llegado justo a tiempo. Comenzaba a aburrirme.—Dijo dandole un pequeño golpe en el hombro, en manera de hombría o hermandad, cosas bastante normales en el.—Entrenar no estaría de más.

Se acercó al centro de la cancha, esperándole. Jugaba con el balón entre sus manos, algo ansioso, mientras miraba al pelinegro a los ojos. Abel podía ser bastante competitivo y agresivo cuando se lo proponía, los deportes eran unas de esas ocasiones. No le gustaba perder.
Lanzó el balón con mucha fuerza hacia arriba, demostrando que había comenzado el juego. El primero en tomarlo, llevaría la delantera.






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Re: Hasta que las manos sangren [Priv. Darsey y Abel.]

Mensaje por Darsey O. Godin el Sáb Jul 04, 2015 4:41 pm

No sabía exactamente porqué, si era natural en mí o si venía de alguna modificación que hicieron mientras me investigaban, pero el deporte me encendía como un gran faro. Si bien era cierto que para todo lo demás era vago, perezoso y lento, en cuanto pisaba la cancha algo despertaba y me incitaba a tomar partido (nunca mejor dicho). No podía evitarlo. En cuanto Abel lanzó la pelota todo fue a cámara lenta unos segundos, brillantes segundos, en los que la sangre empezó a fluir más rápido, las pupilas se dilataron y el cuerpo entero se me tensó ante la repentina opción al movimiento. Respiré hondo y tomé impulso con las piernas, saltando como un muelle en el segundo exacto. No importaba nada más que la pelota. Ni si hacía demasiado calor, ni si faltaban personas, ni si me iba mal en las asignaturas, había hambre en el mundo o caía un meteorito. No importaba. En ese momento, mi mundo entero giraba entorno a aquella pequeña pelota, mucho menos intimidante que la de voleibol o la de baloncesto, pero no por ello menos importante. Estiré el brazo tanto como pude, sintiendo por un momento que podría tocar las nubes. Aunque durase poco, aunque no fueran más que un par de confusos segundos en los que lo único que ocupaba mi cabeza era llegar a tocar esa esfera, se sentía como el cielo. No llegabas nunca a ser un dios, pero tampoco eras la misma persona. Eras, y ya está. Suena todo muy profundo, ¿no? Pues en realidad no lo es tanto. Sólo es lo que se siente cuando amas algo de verdad.

Sin concentrarme demasiado en cómo saltaba Abel, parecía que iba a ser yo quien le fuera a dar primero a la pelota. ¿Problema? Que tenía que cogerla, no pegarla. Casi todos los deportes en los que jugaba y había jugado (que por otro lado, no eran pocos), nunca podía quedarme con la pelota, o al menos no sin tener que sufrir ciertas consecuencias. Por ejemplo, en baloncesto debías pasársela a un compañero sin derecho a seguir siendo el "protagonista", y en fútbol te arriesgabas a que fallar el tiro si no contabas con tus compañeros. En voleibol sólo la tenías firmemente cogida cuando te tocaba sacar. Por ello, el acelerón inicial que siempre sufría al iniciar un juego, y la falta de costumbre, di un fuerte golpe contra la bola, recordando erróneamente las normas de mi deporte favorito. Al darme cuenta del fallo gruñí, y en cuando mis pies pisaron el suelo corrí tan rápido como pude hacia la pelota, que había salido disparada hacia uno de los laterales, frustrado.


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Sorry por el rol mega corto, pero no estoy especialmente inspirada u-u Pero no quería dejarte colgado antes de irme de vacaciones D:
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Re: Hasta que las manos sangren [Priv. Darsey y Abel.]

Mensaje por Abel V. Shvets el Lun Jul 13, 2015 6:11 pm

La pelota se había levantado y separado de las manos de Abel con la facilidad más grande de todas, pasando por alto la gravedad que les dictaba y mandaba, aunque fuese solo por unos segundos, ascendiendo hacia el cielo y a pesar de su minúsculo tamaño cubriendo por completo el sol desde la vista que el pelirrojo tenía de este, dejando y apenas colarse  unos pequeños rayos de luz casi segadores que alcanzaban a aturdir sus ojos, haciendo que sus pupilas se hicieran mas pequeñas aun y que sus ojos, incomodos, se entrecerrasen. Ahora el balón era el centro de la galaxia, literalmente, pues había sustituido al sol en aquellos segundos lentos pero inspiradores. De cualquier modo, como los sabios decían, dicen y dirán: "Lo que fácil viene..."; entonces bajó la pelota, dando paso al sol para deslumbrar nuevamente y perdiendo entonces su radiante titulo, volviendo a ser un insípido balón de handball cualquiera. "...fácil se va.". No hubo problema, pero ahora Abel debía reaccionar y dejar los sueños y filosofías para más tarde, tenía que jugar.

Para Shvets el deporte no simbolizaba una de sus grandes pasiones; no era como si el deporte fuese lo que le hacía despertar cada mañana; o lo que hacía que tuviera ánimos de seguir avanzando por las tardes. Simplemente le gustaba y vaya que era bueno. ¿Y cómo no? Era terriblemente feroz y voraz, incapaz de dejar ir lo que quería entre sus garras. Siempre conseguía lo que quería. Por todas estas razones el deporte no era la cosa más importante en el mundo para Abel, no obstante había algo que podía encender sus motores sin rechistar siquiera, y eso era la competencia, el si que era competitivo; muy competitivo, asquerosamente... competitivo. Y Darsey tenía ese punto a su favor, ese de encender los instintos competitivos de Abel como hacia justo ahora, como si se tratase de un fósforo y un tanque de gasolina, donde por supuesto Darsey era el fósforo y Abel el tanque esperando a explotar en cualquier instante. Ver los ojos del contrario hacía arder los suyos sin siquiera intentar evitarlo, ahora no podía perder, no debía.

Alzó la vista con premura al ver al muchacho saltar primero, le hubiese seguido el paso, hubiese saltado muy rápido y muy alto para tratar de, por lo menos, sacarsela de las manos, no obstante le mantuvo rígido el impulso y la posición en la que el muchacho dirigía su mano hacia el balón; no iba a atraparlo, iba a ¿golpearlo?. "¿Qué está haciendo?" Cuestionó fugazmente en su cabeza, mirando como el golpe sacaba lejos de su alcance la bola.
-¡No estamos jugando basquetbol!-Para cuando había terminado la frase el polvo del suelo ya se había alzado y Abel había salido tras la pelota cual perro tras un auto en la calle. Aprovecho la ventaja de que Darsey debía esperar a tocar el suelo para correr, tomando así la delantera y corriendo como caballo desbocado, sin remordimientos. Sus pies apenas tocaban el suelo antes de volver a impulsarse una y otra vez, sin errores, en pocos segundos ya estaba del otro lado de la cancha rozando la pelota, que aun volaba, con apenas la punta de sus dedos, moviéndolos rápidamente para atraer el balón hacia el, con excito. De pronto el balón estaba entre las garras experimentadas del pelirrojo, que salió disparado hacia la portería del pelinegro. Corrió por el costado contrario a donde venía el chico, pero sabía bien que tarde o temprano iba a alcanzarle, por eso debía ser rápido; por eso debía llegar y lanzar el balón a la portería antes que le alcanzase. Agarró aun más velocidad al alcanzar la media cancha y pegó el balón a su costado para no perderlo. De vez en cuando, nervioso, le daba uno que otro giro entre sus dedos.

Sus pasos eran bastante largos y rápidos; de vez en cuando daba algún salto a lo largo para llegar aún más lejos, cayendo algo estrepitosamente por la velocidad. Realmente todo aquello había pasado en pocos segundos; en pocos segundos había soltado el balón y en pocos segundos lo había recuperado y tomado nuevamente entre sus garras. Las cosas eran realmente fugaces en momentos como esos. Los lugares, la pelota, los puntajes. Todo cambiaba constantemente y recién había comenzado. Miró hacia atrás para ver lo cerca que el muchacho estaba de el, precipitado.






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Re: Hasta que las manos sangren [Priv. Darsey y Abel.]

Mensaje por Darsey O. Godin el Jue Jul 16, 2015 4:16 pm

Aunque oí perfectamente la réplica del pelirrojo, mi cabeza la ignoró deliberadamente. Sabía perfectamente cuando y qué hacía mal. No podía evitarlo. Cuando un partido comenzaba el principal objetivo pasaba de vivir un buen rato a alcanzar la perfección. No importaba qué fuera, cuánto costara, o cómo de buenos fueran los contrincantes. La jugada perfecta implicaba ganar, ganar quería decir mejorar, y mejorar, de nuevo a perfeccionar lo perfecto. Ningún fallo, ningún error, nada que criticar. Y cuando sabía que algo había salido mal forzaba aún más el motor que me impulsaba, obligándolo a buscar capacidad fuera de sus límites sin importar las consecuencias. Y es que, para ganar, poco me importaba terminar agotado y sin poder respirar. Sabía que tarde o temprano aquello acabaría pasándome factura, que encontraría mi límite y que por más que quisiera no podría pasarlo, pero tampoco me importaba. Luego pensaba en ello y era consciente de lo que significaba, de la burrada que era, pero desde que sacaban el balón por primera vez hasta que agotaba la última oportunidad, parecía olvidarlo. Desde que era consciente de la verdad, o al menos parte de ella, intentaba apartar, abandonar, negar e ignorar todos los instintos, movimientos, manías, costumbres y opiniones que tuvieran algo que ver con mi vida pasada. Sin embargo, éste era uno de los pocos que no podía erradicar. No quería, pues mis ansias de vencer eran mayores que las de olvidar.

En cuanto rocé el suelo salí disparado como un muelle a presión hacia la pelota, que daba vueltas, caía y rebotaba en manos de Abel. Con los ojos bien abiertos y la adrenalina llenando mis pulmones aceleré el ritmo y reducí a unos escasos centímetros la distancia que nos separaba, obsesionado con conseguir aquella esfera. Con igualarlo no bastaba. Necesitaba estar por lo menos un paso por delante para poder coger la pelota... Cogí una bocanada de aire y di los pasos más largos y rápidos, sintiendo como mis músculos comenzaban a acostumbrarse de nuevo al movimiento. Poco antes de llegar a la portería derrapé y aproveché la inercia para girar, pasando peligrosamente por delante del pelirrojo, que, al igual que yo, iba a una velocidad demasiado rápida como para hacer movimientos demasiados bruscos como aquel sin sufrir daños. Por la sorpresa conseguí quitarle la pelota, pero intentar derrapar de nuevo para cambiar de dirección fue algo demasiado seco y caí, girando en el suelo sobre mí mismo. Sin embargo me levanté rápidamente, demasiado metido en el juego como para dejarme ganar por aquella tontería.

Comencé a correr directo a la portería enemiga, preparado para tirar en cualquier momento. Tenía una ventaja sobre Abel, que todavía debía recuperarse de la sorpresa y girar, pero debía aprovecharla o no serviría de nada.
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Re: Hasta que las manos sangren [Priv. Darsey y Abel.]

Mensaje por Abel V. Shvets el Vie Jul 31, 2015 1:21 pm

Primero que nada, el muchacho de cabellos azabaches era en definitiva y sin ninguna duda agresivo, audaz, aerodinámico y bastante obsesivo, cosas que eran buenas para el y probablemente malas para Abel, no obstante, Abel también carecía de todas esas cualidades, igualando las cosas. Ahora solo una cosa podía definir quien podría ser el ganador al final de la jornada: La barbaridad y monstruosidad que le permitirían ser aún más agresivo que el otro.  
Esa sería la diferencia, ese sería el punto que decidiría quien de los dos se habría desarrollado mejor en esa ocasión, y aunque Abel no conocía demasiado bien a Darsey, ya que solo estaba con el en clases, sabía que el mismo era muy, muy barbaro, y que para que Darsey le ganaba, debía serlo más. Eso le parecía casi imposible, no obstante, siempre hay sorpresas donde menos uno se las espera encontrar, ¿cierto?.

Ahora tenía la pelota en sus manos por el mero error de Darsey, que la había golpeado con fuerza hacia otra dirección, como si estuviesen jugando algún otro juego. No podía por siempre confiarse de las faltas de Darsey, pues sabía que no serían muchas, por lo tanto debía ser ágil para hacer sus propios puntos, pero por el momento, ya tenía la pelota en sus manos y la portería no estaba realmente lejos de ahí. La cancha era larga pero ambos eran bastante rápidos, lo cual hacía que el juego simplemente pareciera corto.
Más de pronto, en un segundo el chico iba atrás de el, y en otro más, adelante. El solo se detuvo en un derrape para no chocar con el y de pronto la pelota había sido robada de entre sus dedos. Gruñó molesto y se volteó con rapidez corriendo hacia el, que ya le llevaba un poco más de ventaja de la que Abel querría que el le llevase.

Sus pasos eran largos, esto debido a la altura del muchacho. Sus pies iban muy rápido, esto debido a la fuerza que Abel tenía en las piernas. Se sentía muy confiado de su propio poder, no obstante, todo indicaba que seguramente Darsey iba a llevarse el primer punto, a menos que…
El juego real no permitía cosas como esas, pero no había nadie, era solo un juego amistoso entre colegas, hermanos, compañeros, ¿por qué no?. Saltó con fuerza sobre el antes de que pudiese lanzar la pelota, rodando junto con el muchacho por todo el suelo cercano a la portería mientras peleaba por la pelota como tigre rabioso por su comida, gruñendo de vez en cuando, como marcando su territorio.
Finalmente hizo lo único que estaba a su alcanza en una situación como esa, ya que parecía que ni el ni Darsey soltarían la pelota. Le dio un golpe simplemente monstruoso al balón, elevándolo por los aires a más de quince o veinte metros de altura. Alzó la vista y se levantó lo más rápido que pudo, mientras veía a Darsey de reojo, como diciendo: "No hay rencores, solo hago el juego más interesante." Realmente si fuera un juego real nunca habría hecho algo como eso, conocía y respetaba las reglas, pero tratándose de alguien tan competitivo como Darsey, no podría haberlo evitado. Si se rompían algunas reglas en esta ocasión, solo en esta ocasión, el juego podría ser interesante.






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Re: Hasta que las manos sangren [Priv. Darsey y Abel.]

Mensaje por Darsey O. Godin el Lun Ago 03, 2015 6:25 pm

Si hubiera sido cualquier otra persona, hubiera pensado que infligir las normas en ese contexto sería lo normal, que sería divertido y más emocionante, pero yo no era cualquier otra persona. Quizá era que me costaba bastante encontrarle el doble sentido, sarcasmo, ironía y sentido del humor a la mayoría de cosas. Quizá porque me metía mucho en el deporte y trataba de tener un juego lo más limpio posible, sin trampa ni cartón. Quizá porque, simplemente, no me lo esperaba, pero aquel repentino cambio de reglas me tomó totalmente desprevenido y poco pude hacer más que forcejear duramente por aquella pequeña pelota. Si bien era cierto que no era la primera vez que mostraba cierta doble moral acerca de las normas, sí que lo era hablando de hacerlo con esa brutalidad. Otras veces me había topado con gente que buscaba ganar, que, pese a estar entre amigos, quería llegar antes a la victoria a que la risa amigable. Y yo los había enfrentado tan bien como había podido, dando siempre lo mejor de mí. Pero Abel era... bueno, era diferente. No estaba muy seguro de qué especie era, de si era así de nacimiento o si le pasaba como a mí, que con el deporte me encendía, pero aquellas ansias locas me gustaban. Me encantaba poder dar al cien por cien de mí y ver que realmente suponía un reto para el contrincante. ¿Por qué si no iba a hacer algo tan... bestia? Para bien o para mal parecía que yo resultaba un buen enemigo para el pelirrojo, y yo no podría haber pedido nada mejor.

Después del choque inicial tardé más en levantarme, pero no me dejó tan atrás como cabría pensar. La pelota había ido a parar muy alto, y eso me dio unos preciosos segundos para pensar. ¿Qué haría? ¿Qué pasaría? ¿Cómo reaccionaría Abel? Sonreí ante la incertidumbre y, simplemente, me preparé para reaccionar, como siempre que entraba en la cancha, con la primera idea que se me pasara por la cabeza. No contemplé otras posibles mejores opciones, ignorando bastante mi conciencia y esa parte del cerebro que te dice que como falles te llevarás una torta de las buenas. ¿Qué así me había llevado más de un golpe? Sí. ¿Qué así había una gran probabilidad de que fallara? También. ¿Qué estaba un poco loco? Pues oye, no te lo iba a negar, pero me lo pasaba muy bien. Al ver que la pelota caía y caía tomé un buen impulsó y salté tanto como pude, llegando al momento perfecto en el que quedaba justo delante de la bola. Quizá en el hándbol no se permitieran esas cosas, quizá no estuviera del todo bien eso de combinar deportes, pero, ¿qué más daba? Al fin y al cabo, "así el juego es más interesante".

Sonreí y golpeé la esfera con fuerza, apuntando directo a la portería. Sentí una descarga de adrenalina al ver la pelota dirigirse hacia la gran red blanca, sintiendo el mundo a cámara lenta de manera extraordinaria. El voleibol servía más que para aprender a saltar, y ahora podía utilizarlo la mar de bien. ¿De qué otra forma podría servirme saber saltar más de cuatro metros sin perder potencia de tiro fuera de los entrenamientos y campeonatos? Durante unos segundos observé todo expectante, ignorando todo lo que me rodeaba para centrar todos mis sentidos en saber si marcaba el primer tanto. Caí no demasiado bien justo después de que la red recibiera el precioso balón de lleno, y una sonrisa se esbozó automáticamente en mis labios.

-¡Sí, chúpate esa!-grité alegremente, dando un par de saltos de la emoción con una expresión a juego. Después miré a Abel con una sonrisa juguetona-¿Listo para la siguiente?-pregunté sintiendo que el juego todavía iba a dar mucho de sí.


Cara de Darsey:

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Re: Hasta que las manos sangren [Priv. Darsey y Abel.]

Mensaje por Abel V. Shvets el Dom Ago 09, 2015 2:45 am

Cara de Abel(?????):


La bola estuvo en el aire el tiempo suficiente para que Abel pudiese visualizarlo todo casi en cámara lenta. Su respiración era agitada y sus rápidos latidos casi retumbaban en su cuerpo entero haciendo un completo eco que buscaba la forma de escapar de su pecho, para esparcirse por el aire. Arrastraba una mano alrededor del cemento de la cancha mirando como Darsey se levantaba del suelo con toda rapidez. Gruñó al no estar de acuerdo y optó por barrer uno de sus propios pies por todo el suelo en un circulo de 360 grados para intentar hacer recaer al pelinegro, pero este ya había saltado para alcanzar la pelota. Los ojos esmeraldas de Abel se abrieron como platos al ver que no le había alcanzado, levantándose como un rayo y saltando para el, ahora con su plan auxiliar de jalarle de los pies para regresarle al suelo. Por la razón que fuese, parecía que a Darsey no le había molestado realmente el "cambio de reglas" que Abel había hecho; muy por el contrario parecía haber pintado las cosas de un color más intenso e interesante, probablemente para ambos.

Se aferró de las piernas del tipo en el aire y solo pudo escuchar un fuerte remate de su mano con el material de la pelota de handball, que era de un material especialmente resistente especialmente diseñado para que un ser sobrenatural con fuerza desenfrenada no fuese a romperla de un tiro. Solo pudo alzar la vista hacia el lado de su propia portería, viéndole anotar el primer punto sin poder creerlo demasiado. Gruñó saliendo del camino para que el contrario no le cayera encima, mientras caminaba y tomaba la pelota del suelo, lanzándosela al contrario.
—Te toca lanzar. —Se refería a ese primer movimiento que había hecho al comenzar el juego: lanzar la pelota hacia el aire para determinar quien comenzaba. Habían cambiado un poco las reglas del juego, pero parecía mucho más interesante, agresivo, inmediato y divertido de ese modo, ¿cierto?. —Y esta vez, te puedo asegurar que no será tan sencillo.
Una muy picara y gatuna sonrisa se dibujó en los labios de Abel, que le juraba implacablemente a Darsey que eso había sido solo el comienzo y que debía irse con cuidado, por que Abel podía ser muy, muy agresivo.

Se paró de si lado de la cancha, mirando directamente los ojos de su contrincante, uno de los únicos dos elementos que ahora conformaban la mente de Abel. El otro era la pelota. No podía hacer más que esperar la apertura de parte del contrario, pero podía sentir que la adrenalina comenzaba a tirarse a chorros desde ese mismo momento, esperando el momento justo para dar el mejor salto que el pelinegro jamás haya visto y los movimientos y defensas más bestiales.






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Re: Hasta que las manos sangren [Priv. Darsey y Abel.]

Mensaje por Darsey O. Godin el Dom Ago 09, 2015 7:24 pm

FDR:
Pregunta existencial que tengo: ¿los partidos de handbol se alargan hasta que ha pasado X tiempo o hasta que marcan X goles? Teniendo en cuenta que se fuman las normas no creo que sea muy importante, pero es para tenerlo en mente xD

Definitivamente aquel entrenamiento me tenía como loco. No estaba muy seguro de si podía tomarlo como referencia para partidos y encuentros más serios, pero eso no haría que lo fuera a disfrutar menos. Romper (o más bien "torcer") las normas a veces no estaba tan mal, pese a que las opiniones más populares fueran bastante... extremas. En mi opinión las reglas debían cumplirse cuando tenían un sentido lógico que buscaba el bienestar de, si bien no todos porque eso era algo complicado, la mayoría de individuos del lugar. Habían situaciones en las que era necesario quebrantarlas, no decía que no, pero no me era muy cómodo romper algo así. Claro que sería un hipócrita si dijera que no se han de quebrantar nunca. Yo mismo al escaparme había ignorado la más importante regla no escrita (puesto que no creo que se plantearan siquiera que llegara a querer escaparme) y no me arrepentía de nada. Aunque no pensaba volver a hacer algo así de arriesgado en la vida, claro que... bueno, supongo que hacer que un juego sea más interesante no hará daño a nadie, ¿no? Claro que no. Mientras no terminemos lanzando la pelota a la cabeza de cualquiera que pase por ahí cerca, no hay razón para que nadie se queje. ¿O quizá las canchas no se pueden utilizar a partir de cierta hora? Eso ya lo entendería más, sobretodo teniendo en cuenta que estábamos en el campus de la escuela... Aunque no estaba del todo seguro de que las canchas funcionaran como la piscina. Allí a las ocho como muy tarde tenías que estar fuera, para asegurarse de que todo quedaba bien ordenado y esas cosas. O eso creo. Realmente hay muchas normas que no termino de entender... Aunque siendo sincero ya me van bien, porque de otra manera quizá me pasaba cinco horas en el agua y luego ya verías qué risa a la hora de levantarme... En fin. ¿Por qué siempre desvarío tanto cuando me quedo pensando cinco segundos?

Cogí la pelota y le di un par de pequeños botes en mi mano, mirándola con interés. De nuevo aquella esfera se había vuelto mi sol y mi sistema, y no importaba nada más. Para que "estuviera a salvo" debía marcar goles y mantenerla alejada de mi contrincante. Si lo pensaba así era más fácil, práctico y directo, y conseguía con mayor eficiencia centrarme en lo importante. Daba igual quién fuera el enemigo, dónde estuviera, o qué tiempo hiciera. Un juego era un juego y bajo ningún concepto lo tomaría a la ligera. Al fin y al cabo, prácticamente vivía para ello... Respiré hondo y miré a Abel con los ojos encendidos de la emoción, motivado por el punto a mi favor y por sus palabras.-No podría pedir nada mejor.-aseguré a modo de respuesta, esbozando media sonrisa. Me coloqué, preparado para dar un salto, y lancé la pelota al aire, impulsándome tras ella enseguida aprovechando mis reflejos. Saltar se me daba bien, se me daba muy bien, así que pude coger la pelota sin problemas, esta vez sí sujetándola con fuerza. Y aunque sabía que aterrizar y correr hacia la portería tampoco era un problema para mí, era consciente de que Abel estaba más en su terreno ahí, así que debía ser rápido, directo y ligero, o de lo contrario pondría en riesgo el siguiente gol. Llegados a ese punto, cualquier movimiento mal efectuado podía costar el partido, por muy poco serio que fuera. Un enemigo era un enemigo y no podía quitarle la importancia que tenía.
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Re: Hasta que las manos sangren [Priv. Darsey y Abel.]

Mensaje por Abel V. Shvets el Dom Ene 10, 2016 3:46 pm

Solía ser muy terco, muy testarudo, muy orgulloso. No se trataba solamente de ganar; no, claro que no. Lo más importante era no perder, no importaba como, ni por qué, pero perder era lo único que no era una opción para el pelirrojo. No estaba de humor tampoco para ceder, y sabía bien, al menos ahora, que el azabache comenzaba a causarle problemas, y eso le fastidiaba. Ciertamente le había subestimado un poco cuando comenzó el juego, y eso que él no solía cometer ese error de subestimar a la gente, y ahora veía que le había costado caro y por lo tanto, era tiempo de dejar las bromas y comenzar a jugar enserio.

En primera instancia sonrió más que entretenido, dando a entender que no sería nada fácil, y que al menos para él sería divertido. Ahora si iría enserio, no obstante sabría que con ello el contrario también sacaría el potencial que probablemente no había terminado de aprovechar hasta ahora. Lo importante de todo esto es que ya tenía un plan, y bastante bueno, aunque no muy limpio. Pero... ¿eso que importaba justo ahora?. Ya no jugaban handball, ni voley, ni basket. Solo se trataba de una pelea por ver quien hacía mejor que el otro.

Y el momento no se hizo esperar. En cuanto le fue posible se puso en acción. El hombre de azabache lanzó alto la pelota, y acto siguiente saltó tras ella, no obstante, Abel no hizo más que la pinta de saltar, para, en lugar de hacerlo, comenzar a correr en dirección a la portería, dar una vuelta casi cerrada y correr directo hacia el otro, que para ese mismo instante ya había caído y venía corriendo en rumbo hacia acá. Para resumir la situación próxima, podríamos decir que, si ninguno de los dos se quitase del camino, probablemente se estrellarían muy, muy duro. Ambos soltaban polvo del suelo cuando la suela de sus zapatos hacía por tocar, y apenas, el pavimento. Ambos eran prácticamente dos toros a punto de colisionar.

Parecía más que obvio que ninguno de los dos se quitarían del camino. Ambos eran demasiado determinados, o muy terco. Como les quisiesen llamar, a final de cuentas, el resultado iba a ser el mismo. Los ojos esmeralda de Abel juraban que le iba a destrozar como si Darsey fuese solamente un muro hecho de vil papel suave y delicado. Bufó por la nariz justo como un animal al que le hervía la sangre, lleno de adrenalina en explosiones constantes desde los pies hasta la cabeza. Una vez cerca soltó un grito que definitivamente asemejaba uno de guerra, y eficaz, en el último instante, cuando ya todo se daba por terminado, derrapó hacia un lado de el, metiendo su tobillo entre los pies ajenos y engacharlo. En menos de un segundo ya había golpeado el balón desde arriba, haciendolo votar en el suelo y acto seguido elevarse muy alto. Corrió y directamente en el aire lo pateó, cayendo encima de Darsey para asegurarse de que no fuese por él y, al fin, mirarlo entrar a la portería del azabache. Gritó victorioso.

Eso no era un deporte, era solo un juego entre "machos".






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Re: Hasta que las manos sangren [Priv. Darsey y Abel.]

Mensaje por Darsey O. Godin el Miér Ene 13, 2016 11:52 am

Aunque sentí una punzada de dolor en mi orgullo al ver que marcaba gol, no pude sino sentir admiración por aquel extraño y entregado chico. Sin duda tenía las mismas ganas que yo de ganar y demostrar de qué pasta estaba hecho. ¡Y qué manera de hacerlo! Admito que sentí unas ganas irracionales de estrangularlo cuando me tumbó en el suelo, pero vaya si valió la pena. ¡Qué manera de moverse, señor! La pelota parecía nuestra presa, y Abel era un cazador experto. Con una sonrisa satisfecha en la cara me levanté de un salto, me sequé el sudor de la frente con la camiseta y miré al pelirrojo. Si los ojos pudieran prender fuego, haría rato que los nuestros se habrían vuelto bosques incendiados. Me relamí los labios y me acerqué al demonio, más que seguro de que la próxima ronda sería incluso mejor que las anteriores. ¿Cómo podía aquel juego volverse tedioso si a cada minuto que pasaba parecía cada vez más que de él dependieran nuestras vidas?

Cogí la pelota y volví al centro de la pista, preparado para lo que mi contrincante tuviera escondido debajo de la manga. ¿Algún movimiento sorpresa? ¿Vueltas inesperadas? ¿Una trampa para asegurarse la victoria? Aunque, sinceramente, yo nos veía capaz de pasarnos ahí horas incluso después de que hubiera anochecido. Él seguramente aguantaría hasta entonces, y yo... bueno, conociéndome, si no podía, me forzaría. Me importaba bien poco pasarme los siguientes días con serios dolores musculares. Un enfrentamiento era algo serio, incluso si era amistoso, y no me permitiría bajar el rendimiento hasta que le resultado estuviera decidido. No señor. ¡Darsey no es una persona que se deje ganar así de fácil! Además, cuanto más me cansaba más me motivaba, así que aquel entrenamiento comenzaba a ser un vicio...

Respiré hondo y lancé la pelota al aire, saltando inmediatamente después para ser el primero en cogerla al igual que Abel. La golpeé con todas mis fuerzas, apretando para que no se me escapara de nuevo, pero lo único que sentí fue un estruendo repentino y un gran escozor en la palma de mi mano. Al caer al suelo de nuevo miré los restos de la pelo que habían caído al suelo, casi como si un tigre se hubiera pasado la tarde jugando con la pelota. Tras unos confusos segundos comprendí lo que había pasado, y no pude sino echarme a reír, estúpidamente divertido. ¡Hay que ser bruto para romper una pelota de cuero! Si aquello no era pasión, no sabía qué lo era.

-Supongo que queda en empate.-sonreí anchamente, tendiéndole la mano para marcar el final del partido.
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Re: Hasta que las manos sangren [Priv. Darsey y Abel.]

Mensaje por Abel V. Shvets el Jue Ene 21, 2016 1:15 am

No era ningún tonto, y ya que este no era un partido de handball, o de ningún otro deporte existente, no le dolía ni un poco meterle los pies a su propio compañero. En ese momento no había reglas que le detuviesen, e incluso sabía que Darsey no sería capaz de culparle o reprocharle, pues era un necio y loco, como él, que solo buscaba adrenalina, y que si la encontraba estaría tan contento como un perro moviendo la cola luego de recibir un premio. Sí, así eran aquellos dos, en busca de algo tan complicado y abstracto, pero tan simple, que terminaría por hacerles felices. En este caso, el liderazgo, el puesto del "alfa", por lo menos en la cancha.

Pero bien, había que seguir, y no era ningún momento para distraerse. Abel se puso en posición y dejó que nuevamente Darsey fuese el encargado de la pelota. Abel abrió los ojos con intensidad, mientras estos brillaron, matadores, extremadamente atentos, como un talento natural que le decía que el era un depredador de lo peor y la pelota a penas un pequeño conejito indefenso, y que no tendría oportunidad de escaparse de entre sus garras, ¡jamás!. Sonrió casi de oreja a oreja, tan terrible como solamente el peor de los tifones podría compararse.

Cuando el momento llegó, alzó la cabeza al son del viento, que silbaba al rededor de aquella bola rápida, que así como subía, ahora bajaba como un meteorito dispuesto a destruir todo. Por un segundo sintió su corazón latir, no obstante, gracias a su sexto sentido tan estilizado y agudo, sintió incluso el corazón de Darsey, unido al suyo. Normalmente no le hubiese tomado la menor importancia a eso, no obstante, ambos retumbaron al mismo tiempo, con la misma intensidad, como si entre ambos se gritasen: "¡HEY, ESTOY VIVO Y VOY A POR TI". Abrió los ojos como si la alarma se hubiese encendido, y por un momento pensó que, hiciese lo que hiciese, quizá, solo quizá, Darsey estaba pensando exactamente en lo mismo. Saltó dispuesto a ser más rápido que el, alzando su brazo y golpeando casi como si fuese un remate, con una fuerza tan extremadamente monstruosa, que hizo sentir una onda estruendosa salir de la bola y lanzar a ambos hombres hacia atrás.

Miró su mano primero, probablemente eso dejaría un moretón. Mas no fue que comprendió hasta ver la vola hecha pedazos en medio. Se necesita ser brutal para hacer eso, sin duda. Miró luego reír a Darsey, riendo también. Le tendió la mano con la que había golpeado, apretando fuerte y despeinandole.
—Crío loco... —Rió jalandole a las regaderas.






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